ADIOS LENIN
ADIOS LENIN
Dir.: Wolfgang Becker
c/ David Bruhl (Alex), Katrin Sasi, Florian Lukas
Alemania/2003/Comedia dramática
Un hijo trata desesperadamente por todos los medios que su madre no se entere de la extinción de la RDA
Las películas que hacen referencia al cambio sufrido en los ex-países del bloque socialista luego de la caída del muro de Berlín han ido en aumento a través de los años. Lamentablemente por estas tierras llegan contadísimas y a veces por excepciones, por lo general gracias a algún premio internacional que hayan obtenido.
La referencia obligada de éste tipo de películas es “Underground” (1995) del bosnio Emir Kusturica. Película contada en tono de comedia satírica sobre el régimen comunista yugoslavo, a veces trágico, a veces melancólico, con pinceladas de “realismo mágico”, y personajes de tipo esperpéntico y a ritmo trepidante. La película gustó y ganó merecidos premios, y quizás sea una de las más emblemáticas dentro de las “pos muro de Berlín”.
Es que realmente las películas que dan cuenta del antiguo régimen comunista se prestan para la sátira: el tema, los caudillos que gobernaron en esa época (algunos megalómanos, otros tiránicos, algunos más que se asemejaban a nuestros folclóricos dictadorzuelos de América Latina), la forma en que resolvían los problemas de la “planificación socialista” (a veces con pinceladas surrealistas dignas de los hermanos Marx), o como se trataba el espinoso tema de la libertad de expresión o de interpretar la historia a la luz del “materiamismo histórico” congraciándose la burocracia palaciega con el “camarada Presidente” de turno; todos estos elementos daban para una buena sátira política (y que conste que no tenga nada en contra de los que todavía añoran esa antigua época).
“Adios Lenin” se prestaba para eso. Podía haber sido una muy buena sátira de lo que fue el régimen en la antigua RDA y de su transición al capitalismo. Medio que el director iba por ese camino al inicio, al situar la película en la época en que cae el muro de Berlín (1989), acopiando documentales de esos años; pero, luego del accidente de la madre de Alex, se centra más bien en el amor filial del hijo que impide por todos los medios que su madre (comunista recalcitrante y activa) se entere que ya no existe más la Alemania Oriental. Ese tono menor, intimista, de devoción filial (que como opción del realizador es válida), resiente la película, por que todo el contexto histórico en que se desarrolla es desperdiciado ya que daba para más, para una sátira que no deje títere con cabeza, tanto del mundo comunista como del capitalista que se va introduciendo en las sencillas costumbres y vida de los habitantes de la ex-RDA (medio que lo intenta al caracterizar al novio de la hermana de Alex, pero se queda a medio camino).
Incluso, el momento en que la madre de Alex sale de su habitación hacia la calle cuando busca a su nieta y se entera de los cambios ocurridos en los meses de su enclaustramiento (la sorpresa del cambio de RDA en Alemania unificada y capitalista) daba para un buen desenlace (la expresión de la madre cuando ve que un helicóptero se lleva una enorme esfigie de Lenin -y que da título al filme- que pasa cerca a ella, apuntándole con el dedo, es realmente notable); pero innecesariamente el director prolonga el metraje hasta la salida de paseo al campo y la muerte tranquila de la madre (previa reconciliación con el alejado padre que se presta también a la farsa de ocultar los cambios), hace “bajar” el clímax conseguido (aunque es meritorio reconocer que la “explicación” que se da a la madre de por qué no existe más dos Alemanias haciéndole creer que es debido a que los trabajadores de la Alemania capitalista se han pasado masivamente a la Alemania comunista al no soportar más las injusticias sociales del capitalismo, es digna de las mejores “explicaciones” con que la dirigencia política de los ex países socialistas engañaba al pueblo, con supuestos “progresos” para justificar su permanencia en el poder y las estrecheces que padecía el ciudadano común).
Al ser contada en primera persona (Alex es el narrador) será su visión la predominante, visión que está relacionada con su amor filial más que con las cuestiones políticas y sociales del entorno de la época (a propósito del nombre y del protagonista, nos parece que en el director Wolfgang Becker tenemos a un admirador del realizador Stanley Kubrick y en especial de “La naranja mecánica”: veáse el homenaje que hace al director norteamericano en la escena en que es “reacondicionado” el cuarto de la madre al ritmo de la cabalgata de Guillermo Tell, similar a la empleada por Kubrick en la escena de Alex haciendo el amor con dos chicas en su dormitorio).
“Adios Lenin” es una película irregular, que por su argumento pudo dar para más, pero interesante en el planteamiento de una época (la del realismo socialista) que definitivamente quedó sepultada por la historia.
lagartocine@yahoo.es

