MEMORIAS DE UNA GEISHA
MEMORIAS DE UNA GEISHA [Memoirs of a geisha]
Dir.: Rob Marshall
c/ Zhang Ziyi (Sayuri), Ken Watanabe (Presidente), Michelle Yeoh (Mameha), Gong Li (Hatsumomo), Kôji Yakusho (Nobu), Youki Kudoh (Calabaza), Kaori Momoi (Mamita), Suzuka Ohgo (Chiyo).
USA/2005/Drama+++
Memorias de una geisha es uno de esos filmes preciosistas, de bella fotografía, agradable fondo musical y lujosidad técnica envidiable (se nota que no han escatimado en gastos), pero que no va más allá de dicho virtuosismo. Narrado en primera persona, cuenta la historia de Sayuri, una niña pobre que es vendida por sus padres y que se convertirá en una de las más famosas geishas del Japón. Lo malo es que las secuencias que vemos más parecen pinceladas de los recuerdos de la protagonista entre nostálgicos y melancólicos (en un metraje de cerca de dos horas y media de duración y ritmo lento), envueltas en un tono edulcorado (la mano de Spielberg detrás como productor es evidente), con notas dramáticas y a veces trágicas de Sayuri, pero nada más. Ni siquiera el “corte” de las tradiciones japonesas en un antes y un después luego del fin de la Segunda guerra (donde geisha se convierte en sinónimo de prostituta) y la intervención norteamericana en la vida japonesa imponiendo los valores occidentales del ganador, sirve para notar cambios evidentes en la evolución de la protagonista, salvo que se mantiene fiel a la tradición, finalizando naturalmente en una suerte de “final feliz” un tanto resignado de acuerdo a su estatus social (lamentable el desperdicio de una actriz tan buena como Zhang Ziyi)
Memorias de una geisha es uno de esos filmes que uno se encanta de ver en el écran por la preciosidad de sus imágenes, pero terminado no queda nada más en el recuerdo.


MATCH POINT
MATCH POINT
Dirección y guión: Woody Allen
c/ Jonathan Rhys Meyers (Chris Wilton), Matthew Goode (Tom Hewett), Emily Mortimer (Chloe Hewett Wilton), Scarlett Johansson (Nola Rice), Brian Cox (Alec Hewett), Penelope Wilton (Eleanor Hewett)
UK/2005/Drama+++
El antecedente inmediato de Match point es “Crímenes y castigos” (Crimes and misdemeanors, 1989), donde inteligentemente Woody Allen jugaba con los opuestos para “mover” la película hasta el desenlace, así teníamos las antípodas de escepticismo – religión, cinismo – valores, fracaso (Cliff) – éxito (Lester), infidelidad – fidelidad, la ceguera de vista – la ceguera del alma, la vida oscura de un filósofo existencialista que nadie conoce (el prof. Levy) – El éxito barato de un broadcasting multipremiado (Lester).
Ambos filmes son como las dos caras de una medalla, uno es complemento del otro, mientras que en “Crímenes…” existe una densidad dramática y sicológica donde la culpa se encuentra latente a lo largo del filme, “Match Point” es más ligero, como el cinismo de Chris, su protagonista.
La culpa era gravitante en “Crímenes….”, pero en el fondo (sobretodo en el desenlace) anunciaba el absurdo de la vida que “Match Point” lo desplegará totalmente.
Efectivamente, desde el inicio del filme se anuncia que la vida puede girar en un sentido u otro, dependiendo del golpe que se de en la pelota (el “match point”) y que es mejor a ser un hombre bueno, ser un hombre afortunado (constantemente los personajes repiten sobre la suerte o fortuna, entendido como azar, por ejemplo, los policías discuten que Nola tuvo mala suerte de estar en el momento del crimen, o nacido el hijo de Chris y Chloe se desea que tenga buena suerte, no que sea un hombre bueno).
De allí en adelante, vamos a presenciar el irresistible ascenso de Chris, un arribista profesor de tenis que conseguirá con mucha “suerte” hacer un matrimonio de interés que asegure su futuro, hasta que –igual que en “Crímenes y castigos”- un flirt pone en riesgo su matrimonio y su estatus social, solucionándolo con el asesinato de la mujer que intenta chantajearlo (por cierto, el asesinato de Nola, la mujer que lo enciende y casi le hace perder la cabeza y la razón, es todo un homenaje a El Padrino 2, cuando Vito Corleone comete su primer homicidio).
Pero, a diferencia de “Crímenes…”, no existirá el remordimiento de la culpa, sino todo lo contrario, como se aprecia en la justificación del crimen ante los “fantasmas” que se le presentan a Chris en escena netamente hamletiana, donde en tono cínico él les explica muy suelto de huesos sus razones del asesinato, sin remordimientos ni complejos de culpa. Él justifica el acto cometido y no recibirá ningún castigo por el mismo, sino todo lo contrario, se verá coronada su ascensión a la cúspide social con el nacimiento del primogénito, lo que consolidará su nueva posición social.
Visión cínica y desencantada de la vida, sin complejos de culpa, amoralidad y suerte de impunidad de los actos perpetrados como sucede en la naturaleza, en un mundo absurdo, donde no existe el destino, sólo el azar como el de la pelota de tenis que cruza o se queda en la red, y donde ni se pagan las culpas, ni existen remordimientos de conciencia. (No es casual por ello que el protagonista central no entienda la novela “Crimen y castigo” –la novela por antonomasia sobre la culpa- y tenga que recurrir a un manual de literatura sobre Dostoievski para captar su significado).
Match point contiene una visión pesimista de la vida (los buenos necesariamente no ganan, sino los más hábiles o a los que la fortuna favorece), de alguien que ha vivido y que en el ocaso de su vida nos presenta esta visión desencantada de la vida, siendo, quizás, la mejor película de Woody Allen en los últimos años. Match point, al margen de nuestras ideas o convicciones, merece verse.


LA FILMOTECA
LA FILMOTECA
Luego de varios años he regresado a la Filmoteca de Lima ubicada al interior del Museo de Arte. Está igual, quizás más vieja. Los asientos me parecen incómodos, acostumbrado ahora a las cómodas butacas de la Ventana Indiscreta o de los multicines. Me parece que hasta el mismo señor que recogía los boletos a la entrada sigue allí. Hace muchos años venía acá, con una ex enamorada. Nos sentábamos en la última fila. Eso es lo bueno del cine, te acoge en su íntima oscuridad. Luego, por múltiples razones, dejé de venir.
Hoy me encuentro por una razón excepcional: le sigo el rastro a una película de Buñuel, “Nazarín”, que no pude ver en “La ventana…” el día que la dieron allá.
No sé cómo será la proyección, pero, me imagino, que no será muy buena, viendo los dos viejos parlantes que están al costado de la pantalla (el dolby surround y los demás artilugios de sonido no han llegado todavía a la Filmoteca).
Se dice que no está bien hablar mal de un viejo amor, y la Filmoteca fue uno muy querido. Gran parte de mi cenefilia se nutrió en su sala cuando los asientos eran de madera pura y dura y salías con un dolor en el trasero pero con gusto de haber visto por primera vez una película de Bergman o de Fellini. Es mejor callar y dejar ese bonito recuerdo en la memoria, ya que de eso tanto ella (la Filmoteca) como yo nos alimentamos y nos abriga tanto o más que un café caliente en invierno.
Estoy en esas cavilaciones cuando el señor que recogió mi boleto (ahora sí estoy seguro, es el mismo de épocas pasadas) se acerca a mi butaca y entre tímido y entrecortado, con la vista puesta en el suelo, me dice que lamentablemente no se podrá proyectar la película porque soy el único asistente y se requiere un mínimo de tres o cuatro para empezar una función, que disculpe más bien, que otra vez será. Le digo que está bien, que no se preocupe, que efectivamente parece que el ciclo de Buñuel no ha sido muy publicitado y me dirijo a la salida. Afuera hace frío a esa hora, me cierro la casaca polar hasta el cuello y me dirijo a tomar un café bien caliente pensando que no habrá un “otra vez será”.
HOSTAL
HOSTAL [Hostel]
Dir: Eli Roth
Producción ejecutiva: Boaz Yakin, Scott Spiegel y Quentin Tarantino.
c/ Jay Hernandez (Paxton), Derek Richardson (Josh), Eythor Gudjonsson (Oli), Barbara Nedeljakova (Natalya)
USA/2005/Terror++
El cine gore es la vertiente –como su nombre lo dice- más sangrienta e impactante del cine de terror, donde la sangre –literalmente- salpica a todos, aunque Hostal también está emparentada con las slasher movies, las películas de terror donde el victimario usa preferentemente armas punzo cortantes para asesinar o descuartizar a sus víctimas (mismo pollito a la brasa o res en el camal).
La película tiene dos partes claramente marcadas: la primera, relacionada con la “orgía total” de tres jóvenes que recorren Europa en busca de sexo y drogas al límite, quedándoles ya “chico” Holanda (país donde la venta y consumo de drogas está legalmente permitido), así que por sugerencia de un amigo que encuentran, les recomienda ir a Eslovaquia, donde existe un hostal en que el placer es inimaginable, algo así como el “non plus ultra” del sexo sin límites.
La segunda parte se inicia con la llegada de los tres estudiantes al hostal recomendado, la extraña desaparición uno a uno de ellos del lugar donde están alojados y la posterior huída del único sobreviviente.
Evidentemente que existe algo de la parábola hitchcockiana de la punición del placer sexual entendido como pecado, en la óptica puritana que manejaba el gran realizador inglés. Ellos recibirán el “castigo” por la trasgresión de los códigos morales considerados éticamente permisibles.
Pero lo que falla en la película es la falta de suspenso y que todo se produce mecánicamente, sin que exista una intriga de por medio, ni una atmósfera adecuada para el horror que vamos a presenciar (la verdad, se queda en bosquejo al inicio). De antemano ya sabemos lo que va a ocurrir en el hostal donde se encuentran alojados los muchachos. No es necesario ser muy zahorí para darse cuenta. Lo único que hace un cambio de giro es la locación, ya no es un pueblito perdido en los Estados Unidos, sino Europa, donde la confluencia de lenguas y razas torna una babel el lugar de hospedaje (el realizador declaró que se le ocurrió el guión al leer la noticia de asesinatos de placer por dinero ocurridos en Tailandia, donde por diez mil dólares uno podía matar a una persona sin tener problemas con la justicia).
Por cierto, se pudo haber aprovechado mejor el sadismo de los victimarios, generalmente altos ejecutivos de todas partes del mundo que en esta época de globalización financiera “se aburren de hacer dinero” y quieren algo que excite más sus vidas como matar con sadismo a un ser humano indefenso. Asimismo, las escenas de sadismo explícito provienen del cine de terror japonés, si han visto una película de terror de allá se darán cuenta que usan mucho las escenas explícitas de descuartizamiento de víctimas, chorros de sangre a borbotones y sadismo de los victimarios.
Otro referente cinematográfico se da también en la huida de la fábrica abandonada que sirve de cámara de torturas de Paxton, el único chico sobreviviente, con la turista japonesa también victimizada (a la cual le cuelga el globo ocular, luego que su victimario se lo ha querido arranchar con un cuchillo). Esa secuencia está inspirada en la huida que hacía el héroe de un campo de concentración nazi en las películas ambientadas en la segunda guerra mundial, la tensión, el ritmo y peripecias al escapar las asume muy bien el realizador de Hostal. Es quizás lo mejor del filme.
El desenlace era evidente: se produce la venganza –también sangrienta- de Paxton contra uno de los victimarios en la estación del tren (un viejo sádico bisexual que recibe de su propia medicina), cerrando el círculo de torturas.
En Hostal hay mucho de evidente y de mecánico, a pesar que ha querido ganar en originalidad, se quedó en buenos deseos. Tengo entendido que en Estados Unidos se ha querido “vender” como filme de culto (el pequeño tributo al clásico filme de terror “Masacre en Texas” reflejado en la sierra que usa uno de los victimarios es evidente, como que los productores del “remake” del clásico filme de terror son los mismos de Hostal) aprovechando la “presentación” que hace Quentin Tarantino (aparte que es uno de los productores ejecutivos del filme), aunque dista mucho de ello; así como que los filmes de culto no nacen de la promoción marketera, sino son producto de la decantación que el tiempo realiza.
Hostal es sólo una película para pasar el rato, aunque si es muy nervioso o muy sensible mejor no la vea por las escenas de horror explícito que contiene, y la próxima vez que vaya a un hostal (por el motivo que fuese) tenga cuidado.


V DE VENGANZA [V for Vendetta]
V DE VENGANZA [V for Vendetta]
Dir.: James McTeigue
Guión: Los Hermanos Wachowski; basado en la novela gráfica creada por Alan Moore y David Lloyd.
c/ Natalie Portman (Evey), Hugo Weaving (V/William Rockwood), Stephen Fry (Deitrich), John Hurt (Adam Sutler), Stephen Rea (Finch)
USA-UK-Ale/2005/Thriller futurista+++
El referente máximo de las alegorías sobre los gobiernos totalitarios en un futuro no muy lejano es “1984”, la clásica novela de George Orwell y cuya idea de aparecer “el gran tirano” sólo por medio de pantallas de tv (a lo cual se adelantó Orwell a su tiempo) la toma también V de venganza.
Efectivamente, sólo vemos al todopoderoso primer ministro Adam Sutler (un excelente John Hurt) a través de la pantalla, medio por el cual se comunica con sus subalternos. Una gran pantalla hace aparecer como pequeños a los demás, símbolo de la insignificancia a la que se ven sometidos los individuos en un gobierno autocrático, donde todos dependen de la voluntad del dictador.
V de venganza es una historia bastante compleja, ya que posee varios niveles, una rica carga simbólica y mensajes subliminales, planteando distintos ejes narrativos y temporales, e incluso historias secundarias dentro de la historia principal (recurso bastante usado en las viejas novelas), como es el caso de la historia de Valerie, asesinada en una mazmorra de la dictadura sólo por el hecho de ser homosexual (el discurso homofóbico es parte integrante de todo discurso totalitario sea de izquierda o de derecha), o la historia de la pequeña Evey al perder a sus padres, opositores al régimen. Utilizando la técnica del flash back nos retrotraemos al pasado para buscar los orígenes de ciertas historias personales de los protagonistas. O la del propio V cuando es utilizado de conejillo de indias en un hospital que experimenta una potente droga en seres humanos, originando la trasmutación del protagonista (la reiterativa escena en que sale de entre las llamas del incendio en el hospital no es casual, indica su trasformación en el justiciero V; igual sucede con la lluvia que “purifica” a Evey, una vez que pasa la dura prueba a que es sometida para eliminar sus miedos y temores del pasado).
También tenemos la idea de libertad que encarna V, razón por la cual nunca muere (los hombres pueden morir, pero no las ideas), retomando la idea de otro hombre que 400 años atrás murió por liberar a su pueblo de la opresión (y que sirve de prólogo explicativo a la historia que se contará en las siguientes dos horas).
A lo cual hay que añadir la carga simbólica que trae el personaje. V es un terrorista, el pretende traerse abajo al sistema por medio de acciones que infundan terror al gobierno tiránico (su estrategia es crear caos, desconcierto y obligar al régimen a que use la fuerza para aguzar las contradicciones). Su plan final es volar el Parlamento inglés, que es símbolo de la tradición democrático representativa.
Como se ve, no es una película sencilla de seguir para el gran público. No tiene historias lineales, fáciles de digerir como sería en un común filme de acción, sino que posee una rica carga simbólica y mensajes subliminales que los Hermanos Wachowski han sabido dosificar combinado con acción netamente (las artes marciales están presentes de nuevo), similar a lo que hicieron con Matrix.
La referencia al Conde de Montecristo tampoco es casual, es la historia por antonomasia de la venganza, una vez que Edmundo Dantés sale de su largo encierro. Igual sucede con la escenografía, bastante abigarrada, barroca, cargada de objetos como el hogar de V, que refleja mucho su personalidad compleja, contradictoria, bizarra y con un espíritu elevado y bastante culto al mismo tiempo. Los colores fríos, grises, ayudan a crear ese ambiente de opresión en que se vive.
El relevo de posta que deja V a Evey es simbólico también: él se sabe que pertenece al “viejo mundo” y que debe morir con el, por lo que el “mundo nuevo” que venga con la liberación del tirano pertenece a Evey, a quien ha preparado a través de un proceso de aprendizaje (la iniciación) haciéndola creer que está confinada en una mazmorra de la dictadura, a fin de que supere su miedo al pasado vivido (muy buena la performance de Natalie Portman, encarnando a un personaje frágil al inicio y fuerte luego de su trasformación).
Hay dos hechos que también merecen atención: el primero es cuando allanan la casa de Deitrich, el amigo de Evey que le da refugio, que es asesinado por haberle hecho una broma al dictador a través de la televisión (la música de fondo del “Show de Benny Hill” nos hace recordar al gran bufo inglés, pequeño tributo que se le rinde), tomándole el pelo risiblemente. Al ser intolerantes con las ideas que contradigan las suyas, por regla general, las dictaduras ni los dictadores tienen sentido del humor y no soportan el que les tomen el pelo, intolerancia típica de los tiranos que piensan que así pasarán a la posteridad, cuando la única posteridad que les espera es la del cadalso o la cárcel.
La otra escena está relacionada con la ejecución del dictador a manos de uno de sus colaboradores más cercanos. El todopoderoso dictador se “orina de miedo” y, balbuceando, pide clemencia por su vida. Ese es otro rasgo típico de los tiranos: son bastante cobardes en momentos difíciles para ellos, pero no para mandar a ejecutar a miles de personas (algo muy similar a lo que le pasó a Abimael Guzmán al momento de su captura y que lo reflejó de cuerpo entero ante todo el país).
V de venganza es una película difícil de seguir, quizás el gran público no la entienda, pero está bien trabajada, aunque quizás no esté a la altura de Matrix, pero que merece verse en estos tiempos oscuros en los cuales las autocracias y los seudos salvadores de la patria quieren regresar.

LA FIESTA DEL CHIVO
LA FIESTA DEL CHIVO
Dir.: Luis Llosa
Guión: Augusto Cabada, Luis Llosa y Zachary Sklar, basado en la novela de Mario Vargas Llosa
c/ Tomas Milian (Rafael Leónidas Trujillo), Isabella Rossellini (Urania Cabral), Paul Freeman (Agustín Cabral), Juan Diego Botto (Amadito), Stephanie Leonidas (Uranita),
Shawn Elliot (Abbes)
España-UK/2005/Thriller político+++
Adaptar una novela de más de quinientas páginas (la mejor novela de MVLL de su producción en los últimos veinte años), con innumerables personajes para hacer un filme de poco más de dos horas era una tarea bastante ardua. Sin embargo, Lucho Llosa sale airoso del encargo, para lo cual ha tenido que simplificar la trama al máximo y eliminar varios personajes secundarios muy ricos (la novela tiene personajes que se parecen mucho a algunos de nuestra realidad política y que colaboraron con el gobierno autocrático de Fujimori, no es el momento de enumerarlos ya que más de uno descansa en paz, pero para un lector perspicaz no se les va a escapar).
Para ello ha sido necesario centrarse en tres hechos que “jalarán” la trama hasta el desenlace: el regreso de Urania a República Dominicana treinta años después de los hechos ocurridos, el acecho en la noche de los ultimadores del “Chivo” en un paso de la carretera, y –la más extensa- el mismo “Chivo”, el dictador Rafael Leónidas Trujillo, en todo el horroroso esplendor de su poder omnímodo sobre hombres, mujeres y niños de la nación dominicana.
En base a esos ejes y en una relación de vasos comunicantes muy similar al de la novela se erige la estructura del filme, con un eje temporal no lineal, sino “saltando” de una época a otra. Lo mejor es la parte referente al poder omnímodo del dictador, allí gracias a una magnifica actuación de Tomas Milian se siente el horror en toda su extensión (para no caer en lo macabro el dictador es presentado como un tipo que pretende ser refinado, sibarita, lo cual está relacionado con la sensualidad del poder, aspecto que se aprecia mucho mejor en la novela), secundado muy bien por la joven Stephanie Leonidas como la joven Uranita (dicho sea de paso, la escena de la violación está muy bien trabajada, sin caer jamás en lo lóbrego). La otra parte buena ocurre al regreso de Urania, ya adulta y marcada todavía por el trauma de la violación siendo niña. Allí también gracias a la excelente actuación de Isabella Rossellini, sin exagerar en el rol dramático, se produce el desenlace de ese recuerdo humillante y la liberación por medio de la catarsis. Sin embargo, hay algunos personajes que debieron haber sido explotados mejor como el de Abbes, el verdugo del dictador, que gozaba con los encargos de torturas y muertes que le encomendaba (clara metáfora de cómo una dictadura embrutece a los individuos), suponemos que debido a razones de metraje.
El balance en general es bueno, quizás era necesaria una película un poco más larga para aprovechar muchas situaciones y personajes de la novela. Lucho Llosa demuestra oficio en las escenas de acción, acompañadas de una música tensa, crispada, nerviosa, que ayuda a resaltar la escena; mientras que las escenas dramáticas son más sosas, débiles, salvándolas las buenas actuaciones de sus protagónicos. Asimismo, se nota que el presupuesto no ha abundado: en las escenas abiertas, sea cuando aparece el dictador ante el público o cuando se produce una represión de los estudiantes, hay poquísimos extras, privilegiando los encuadres cerrados para que no se note (viejo truco cuando se quiere omitir espacios muy amplios). Igual sucede con el “lujo” del dictador, que no refleja todo el boato en que vivió, o la biblioteca de “Cerebrito”, el ideólogo del régimen, bastante escasa en libros si estamos ante un intelectual, lo cual naturalmente no hubiera ocurrido en una superproducción norteamericana (Lucho Llosa declaró en una entrevista que el argumento no le interesó a ninguna productora norteamericana por lo que tuvo que buscar financiamiento en España e Inglaterra).
En fin, son defectos que no buscan restarle méritos al filme, ya que es posible que sea el mejor que haya realizado Lucho Llosa hasta ahora, demostrando que es un buen director de filmes de acción, pero no tanto en los que requieren un contenido de densidad dramática.
“La fiesta del chivo” merece verse, contiene el mensaje implícito de la novela: no existen dictaduras buenas o malas, toda dictadura corrompe a la sociedad, la mutila, la pervierte, vuelve cómplices serviles o esclavos a sus miembros y sino quieren serlo, los aniquila, y que la libertad es algo intrínseco en el ser humano y cuando se la quitan, lucha hasta la muerte para conseguirla. Sólo por eso, y más en estos tiempos oscuros que estamos pasando de tentaciones autoritarias, merece verse.


Para ello ha sido necesario centrarse en tres hechos que “jalarán” la trama hasta el desenlace: el regreso de Urania a República Dominicana treinta años después de los hechos ocurridos, el acecho en la noche de los ultimadores del “Chivo” en un paso de la carretera, y –la más extensa- el mismo “Chivo”, el dictador Rafael Leónidas Trujillo, en todo el horroroso esplendor de su poder omnímodo sobre hombres, mujeres y niños de la nación dominicana.
En base a esos ejes y en una relación de vasos comunicantes muy similar al de la novela se erige la estructura del filme, con un eje temporal no lineal, sino “saltando” de una época a otra. Lo mejor es la parte referente al poder omnímodo del dictador, allí gracias a una magnifica actuación de Tomas Milian se siente el horror en toda su extensión (para no caer en lo macabro el dictador es presentado como un tipo que pretende ser refinado, sibarita, lo cual está relacionado con la sensualidad del poder, aspecto que se aprecia mucho mejor en la novela), secundado muy bien por la joven Stephanie Leonidas como la joven Uranita (dicho sea de paso, la escena de la violación está muy bien trabajada, sin caer jamás en lo lóbrego). La otra parte buena ocurre al regreso de Urania, ya adulta y marcada todavía por el trauma de la violación siendo niña. Allí también gracias a la excelente actuación de Isabella Rossellini, sin exagerar en el rol dramático, se produce el desenlace de ese recuerdo humillante y la liberación por medio de la catarsis. Sin embargo, hay algunos personajes que debieron haber sido explotados mejor como el de Abbes, el verdugo del dictador, que gozaba con los encargos de torturas y muertes que le encomendaba (clara metáfora de cómo una dictadura embrutece a los individuos), suponemos que debido a razones de metraje.
El balance en general es bueno, quizás era necesaria una película un poco más larga para aprovechar muchas situaciones y personajes de la novela. Lucho Llosa demuestra oficio en las escenas de acción, acompañadas de una música tensa, crispada, nerviosa, que ayuda a resaltar la escena; mientras que las escenas dramáticas son más sosas, débiles, salvándolas las buenas actuaciones de sus protagónicos. Asimismo, se nota que el presupuesto no ha abundado: en las escenas abiertas, sea cuando aparece el dictador ante el público o cuando se produce una represión de los estudiantes, hay poquísimos extras, privilegiando los encuadres cerrados para que no se note (viejo truco cuando se quiere omitir espacios muy amplios). Igual sucede con el “lujo” del dictador, que no refleja todo el boato en que vivió, o la biblioteca de “Cerebrito”, el ideólogo del régimen, bastante escasa en libros si estamos ante un intelectual, lo cual naturalmente no hubiera ocurrido en una superproducción norteamericana (Lucho Llosa declaró en una entrevista que el argumento no le interesó a ninguna productora norteamericana por lo que tuvo que buscar financiamiento en España e Inglaterra).
En fin, son defectos que no buscan restarle méritos al filme, ya que es posible que sea el mejor que haya realizado Lucho Llosa hasta ahora, demostrando que es un buen director de filmes de acción, pero no tanto en los que requieren un contenido de densidad dramática.
“La fiesta del chivo” merece verse, contiene el mensaje implícito de la novela: no existen dictaduras buenas o malas, toda dictadura corrompe a la sociedad, la mutila, la pervierte, vuelve cómplices serviles o esclavos a sus miembros y sino quieren serlo, los aniquila, y que la libertad es algo intrínseco en el ser humano y cuando se la quitan, lucha hasta la muerte para conseguirla. Sólo por eso, y más en estos tiempos oscuros que estamos pasando de tentaciones autoritarias, merece verse.

LA ERA DEL HIELO 2
LA ERA DEL HIELO 2 [Ice Age: The Meltdown]
Dir: Carlos Saldaña
Voces en versión original: Ray Romano (Manny), John Leguizamo (Sid), Denis Leary (Diego), Queen Latifah (Ellie), Jay Leno (Fast Tony), Chris Wedge (Scrat), Seann William Scott (Crash).
USA/2006/Animación digital+++
La era del hielo es una de esas películas digitales que es un placer ver por los “guiños” a filmes que uno ha visto antes como Tiburón, Los diez mandamientos (en la huída de los animales del valle), Piraña, los filmes musicales como los de Esther Williams, los filmes de aventuras, los de kung fu, los viejos “cartoons” de la TV, de los cuales ha recogido las características de varios personajes como el de la ardilla Scrat y su siempre inalcanzable bellota (genial el desenlace final).
Manny, Sid y Diego vuelven a las andadas, esta vez para salvar a la manada del valle de un inminente apocalipsis (la relación con los problemas del clima y el “efecto invernadero” de hoy en día es evidente), encontrándose con nuevos personajes como la mamut Ellie y los locos Fast y Crash. Como siempre la ardilla Scrat se “roba el show”, aunque esta vez le ha costado más trabajo debido a la “competencia” de las dos traviesas zarigüeyas.
Los niños gozarán de la película, claro sin tener –por razones cronológicas- los referentes cinematográficos señalados; pero si a Ud le gusta las películas en su idioma original felizmente esta vez la distribuidora ha traído un par de copias subtituladas. Si bien se encuentra por debajo de la originalidad de la primera entrega, para pasar un grato momento no está mal.

LA CONDESA DESCALZA
LA CONDESA DESCALZA [The barefoot contessa]
Escrita y Dirigida: Joseph L. Mankiewicz
c/ Humphrey Bogart (Harry Dawes), Ava Gardner (María Damata)
USA/1954/Drama
B – DVD
“Cuento de hadas al revés” o sin final feliz. Amarga parábola sobre lo ilusorio y vano que es la búsqueda de la felicidad; aunque también admite una lectura de los “nuevos ricos” norteamericanos en Europa, que creen (y lo hacen) comprar con el dinero todo (recordemos que estamos en la Europa de la pos guerra). También es un retrato del mundo interno del cine, de lo que sucede entre bastidores, de la pedantería y de la servidumbre, de las miserias humanas detrás de las cámaras para conseguir un papel o para servir al poderoso de turno. Realmente notable película y es un placer ver de nuevo a ese mito viviente, a ese “animal sensual y salvaje” que fue en su tiempo Ava Gardner.
lagartocine@yahoo.es

lagartocine@yahoo.es


